Las cinco menos cuarto.
Esa cuesta, las vallas, el parque, las ramas, la luz, entre ellas, entre todo, gotas de luz, y tú sin paraguas, como siempre, sonriendo.
Las cinco, llegabas a tiempo pero te has vuelto a parar en la esquina de siempre, a respirar.
A esa hora aún no era el momento de decirle adiós al sol, no sin una despedida en condiciones.
Te sientas, otra vez.
El mismo banco, cruje igual que siempre.
Tienes la sensación de que aquello es eterno.
Olvidas el tiempo y tus alarmas.
Da igual que sean las cinco y siete.
Otro sonido, otra luz, otro aire, ese momento es nuevo, tuyo.
Hacía años que no pasabas por aquí.