A veces me lleno de mi misma, nado en mi propio eco, me reencuentro con mi piel entre luz y madera, crezco más, tanto que puedo sentir cómo laten con fuerza cada una de mis hojas, puedo oírlas latir, se escucha a kilómetros, como una orquesta, y crujo, y fluyo.
Las que menos.
Las que más me levanto implosionando, absorbiendo todo lo que me rodea en ese momento, como si fuera un agujero negro muy denso, me trago la manta, la cama entera, la luz, el sonido, me quedo llena de cosas que no alimentan y rodeada de la más silenciosa nada, a rastras repto hacia el agua, limpio un poco la escena, y vomito parte de lo que he tragado. Pero la sensación de asco se queda dentro, me cuesta empezar, tengo que volver a encontrar algún tipo de catalizador como los de antes... parece que ya no fabrican cosas así.
Pero eso es sólo el principio.
Realmente, realmiente, realmientes, mientes? A ver, destapa un poco más, con esa esquina se pueden hacer muchas cosas, basta con poner una bombillita.
Menuda torpeza repentina, me falta sangre y me sobran gritos, los vendo baratos, vienen en un pack con un cacharrito que los convierte en gasolina, por si te interesa, cambio 7 gritos por:
-Un gato.
-Dos hormigas.
-Tres bombones.
-Cinco abrazos, con llanto por medio, si no son con un drama tremendo no los quiero para nada, te los metes por tu hermosísimo culo y todos contentos.
Nunca entenderé por qué tiene que ser azul la casita, yo la construiría transparente.
En medio de un desierto de ríos ultravioletas, con cascadas de nieve, entre bosques tropicales azules, fluorescentes, las puertas y ventanas serían de plata líquida y mis sábanas estarían hechas con tu piel, sí, con tu puta piel.
Qué pasa ahora? por qué no funciona como debería? qué se ha roto? vuelve a ser inoportunamente tarde, otra vez el mismo cuento, estoy tan tan lejos de todo que el desorden se ha convertido en mi orden personal, y claro, la remolacha electrificada acaba siendo algo tan tremendamente hipnotizante que se te olvida como suenan el resto de canciones. Como un trance sin drogas, en su mayor parte involuntario, un estado extraño y descontrolado, entretenido, pero peligroso, como debe ser. Morir electrocutado por voces desconocidas no me asusta demasiado, casi me da más miedo que sea mi propia voz la que se manche de sangre.
Oye borra, que nadie lea eso, no vaya a ser que... qué?
Astronautas. Qué valientes, y qué curioso ese asunto... esa "claustrofobia" que produce el espacio... espacio... tal cual... sin límites, estamos fabricados para necesitar alguna pared, suelo, algo que tocar, que indique dónde estamos, el centímetro en el que apoyamos el talón izquierdo a las siete menos cinco de la madrugada, el 30 de mayo del puto año equis. Hay que medir todo, no? No.
Pero claro, no situar nada es aterrador, lo mismo de antes, y de siempre, esa obsesión con el control y descontrol de las cosas. Algo está bien, demasiado es molesto.
Venga ya vale, apareces o qué? Quiero bailar contigo.
