Soy sólo otro agujero.
Hoy me he convertido
en una almohada
inerte,
fría,
hueca.
Un ser que emana
humedad fabricada a partir de la nada.
En silencio, delante
de tu cuerpo desnudo y gris,
un hermoso cadáver
putrefacto,
un esqueleto bordado con tinta,
mezcla de whisky,
leche y tabaco.
Soy un insecto más en
tu cuarto,
mordiendo tu cuerpo.
Un ser ínfimo que
muere con cada bocado,
algo molesto y
diminuto,
una sombra con un
zumbido continuo.
Eso soy yo ahí,
en tu piel,
nada.
No me entristece, ni
me tortura,
ni me emociona, ni me
divierte,
ni me enfada, ni me
hace feliz,
reina en mi la más
pura indiferencia.
No niego que si fuera
capaz de latir,
si fuera humana y no
un simple bicho,
pudiera renacer con
cada una de tus volutas de humo
y expandirme con ellas.
Pero mi metamorfosis
me convirtió en esto,
un inmortal insecto
indiferente adicto a los abismos más simples.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
ResponderEliminar